domingo 31 de octubre de 2010

Willy Wonka y la tortilla de patatas de Bolsa

Me despierto con un cierto jet lag provocado por un viaje a lo desconocido más familiar. Abro los ojos, quedándome colgado en las vigas del techo, intentando reconstruir y encajar cada retazo del la fiesta de anoche. Todavía me duele la cabeza del Ponche de María. Con sus ojitos flotando y un color imposible de definir. Era una fiesta de Halloween, sin ningún lugar a duda.

Pertrechado con mi disfraz de emergencia, recorrí los más rápido posible la corta distancia entre mi casa y mi destino. Edificio de principios del XX  repleto de encanto y obras en la escalera. Me siento extraño llevando bastón y chistera, aunque tengo que decir que da un cierto aire distinguido. A pesar de la bolsa de hielo y los dos litros de Coca-Cola.

Toco el timbre. y descubro la casa de mi anfitriona, llena de telarañas, calaveras y viudas negras. Esto promete. Buena música, alcohol y algo de comer. Era como volver a los tiempos de Mecano y la Destilería. Conforme se desenvolvían las presentaciones fui constatando, de nuevo, que esta ciudad es un pañuelo. De una manera u otra todos nos conocíamos, nos sonábamos, o en algún caso no había ninguna necesidad de conocerse.



Comedidos como en un velatorio, alrededor de la mesa de las viandas, comenzaron a desgranarse bromas sobre arañas de chocolate y tortillas infumables. La tortilla española se llama así por algo. Y los experimentos con gaseosa. La rigidez del luto se fue aflojando entre canciones de Raphael y Brugal con cola. Hasta la bebida estaba clavada. Qué mejor ron para estos días.

La fiesta se animaba al mismo ritmo que nos descubríamos facetas desconocidas unos a otros, aunque llevásemos 20 años viéndonos y nos hubiésemos hecho un croquis equivocado de las personas. Risas, canciones, ahorcados y telarañas. Más risas, confesiones insospechadas, y subidones de moral. Guiris trasvasados de otra fiesta. El señor conejo, sin orejas ni reloj, ejerce de técnico de sonido y pincha discos. Muñecas zombies y señores bien de familia bien con chalecos bien.

Música, más música y la viuda moderada se convierte en la nueva Concha Piquer travestida de luto riguroso y sensual. Karaoke global, ante la cara de borderline de quien no entiende las letras de Alaska o Radio Futura. Bailar, bailar, entre telarañas y hormonados con necesidades fisiológicas sin ningún pudor para cambiar de objetivo , fracaso tras fracaso. Más Raphael, más risas. Pídeme de salir, y te digo que no. Porfa, 15 años después cerremos heridas de carpetas de colegio y viajes de esquí. Dos con gafas y muerta parecen ser parte de la decoración.

4,30 de la madrugada y suena Paloma San Basilio. Recupero mi chistera y la sensatez. Besos,más risas, promesas de comida y Facebook. ¿Desayunamos en el Gritti? Gran noche de descubrimientos y reencuentros. El espíritu de la Destilería volvió por Todos los Santos, a descansar entre nosotros y quitarnos lastres y años de encima. Gran fiesta, María. Nunca me hubiera perdonado perdérmela.

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